30.7.13

Embrace the panic

Hace 1 mes - aproximadamente- robaron mi casa.

Lo gracioso es que había colocado "robaron mi hogar" y lo borré. De repente se transformó en una casa, solo en una casa, un departamento que no fue más mi hogar. Me cuesta borrar esa sensación.

Me cuesta borrar no solo porque me cuesta manejar el teclado de mi computador nuevo, sino porque soy de ideas fijas y no borro porque sí, sino que borro.

Luego, exactamente 1 semana después, como si la vida fuera una mala serie de sony, me dieron un trabajo mega bien remunerado, con un cargo directivo, una oficina y depósito de clips. La mayoría del tiempo no me creo nada lo que ocurre, porque las razones tienden a ser más casuales que causales. Y la casualidad no tiene nada más que crueldad pero carece de valor.

También se perdieron mis escritos en ese robo. Años de textos y mi primer proyecto de conjunción contundente con buenas líneas escritas. Me acabo de dar cuenta que es la primera vez que escribo desde que todo esto pasó. Quizás por eso no quiero comprometerme, porque todo se cae sin aviso y estruendosamente. Amo muchas cosas pero no me comprometo. Hay hartas pasiones, pero soy muy buena para hacer lo que tengo que hacer y no para hacer lo que amo.

Nunca, nunca había llorado con tanto miedo como cuando me di cuenta que mis cosas habían desaparecido. Quizás porque siempre espero compensación por los dolores, como si la vida fuera balanceada. Y esto si que no tiene compensación alguna, lo irremediable. 

Sería harto bueno empezar a ejercitarme en eso, en lo irremediable. Ya está bueno ya.

30.5.13

Capítulo 2
Te amo por la risa y las calenturas curiosas.

Te amo por la risa.
Reírme contigo es la cosa más sincera del mundo.
Que te rías de mí.
Reír de nosotros. 

Reír antes de dormirnos porque no sé cuál es la segunda y solo sé hacer neutro. Reír en trenes, en aviones, en la nieve, en la playa, en la noche, en la mañana. Reír después de follarnos o durante. Reír internacionalmente. Reír en lugares dónde no hay que reír, como las iglesias o los museos. Reír dentro de uno pero con el otro, cuando uno se acuerda de cosas tan absolutamente deliciosas, que no es posible evitar la sonrisa en la calle o en la micro. Tú me descubriste la sonrisa, y reír contigo ha sido hermoso, porque es tan brutal y honesto que me da como cien entradas de plusvalía en la explicación de por qué te amo. Porque es un reflejo de la sensación tranquila, de bienestar y de profundidad que me generas. Como de estar en paz con el mundo y por eso solo reír.

También te amo porque me calientas de formas inexplicables. Me calienta que tengas alfileres en tu cajón. Que sepas quién es Foucault, Durhhaimer ¿??, Luhmann, la Preciado, la Butler, el sujetín de la teoría de sistemas y el otro ese que habla tonteras y que es el primero que se te vino a la cabeza. Pero también me calienta que sepas quiénes son las Indomables y hayas tenido curiosidad de ver a Nachito Gutierrez en la marcha de la igualdad.

Que sepas usar el photoshop me perturba intensamente en las entrañas. Casi tanto como pensar tu mano en mi vientre mientras.

Me calienta que leas. Que tengas predilección por las botellas de vidrio, que te guste Caravaggio. De tu buena ortografía para qué hablamos, me encanta que tengas linda letra y que te enchuches por cosas terribles con la misma pasión con la que me agarras y me besas. Que te enojes me calienta, es súper enfermo eso, pero es. Que respondas mis preguntas, que me digas que soy intragable. Que sepas de computación, que te guste la tecnología, que teclees duro. Me excita que teclees duro y mirando a la pantalla. Es raro eso, creo yo, porque mucha gente puede hacer eso pero solo en ti me produce cataclismos carnales. (Cómprate una silla, pronto.) 

Me encanta tu cuello y tu barba. Es una parte muy masculina de ti, y es no consciente, quizás por eso me gusta tanto, porque conoces muy bien tu ser masculino pero hay sectores de tu cuerpo que son inexplorados por ti y que me perturban por eso, porque cosas suceden, explosivas y complejas, que me llenan el cuerpo y los brazos.

El otro día soñé que rechazaba a un tipo desconocido. Riendo, le decía que estaba cagado, que yo necesitaba que no sólo me penetraran el cuerpo en el sexo. Necesitaba un sujeto que me follara la cabeza, que me entrara hasta el cerebro en cada embestida. Que nadie podía equiparar eso de ti, que no iba a cambiar la follada de broma que me podía dar él por lo que tú y yo tenemos.

Aunque eso de follarse hasta la mente suena un poco brutal (y profundo…), eso es lo que siento, me entraste hasta la médula de un modo no convencional y te quedaste ahí como el peor/mejor de los virus transformadores de vida. Me cambiaste la vida tan para bien, tan para lindo, tan para soñar tantas cosas. Porque eres tan bien, tan rico, tan de sueño. Quiero darte hijos, cargarte la bip, hacerte queques, cambiarte el balón de gas, y todas esas cosas románticas que se dice la gente. Pero también quiero abrazarte hasta que te abrases y tocarte la patita en la noche, quiero seguir escondiéndome en tu axila y en tu cuello, quiero provocarte cosas y hacer que te vuelvas loco y que nos sigamos riendo y follando...

Quiero seguir rozándote el resto de mi vida.

Esa es una certeza incorregible e incorruptible, mi amor, porque preexiste en todo lo que creamos y creemos juntos. Quiero ser contigo no sólo lo que soy ahora sino también lo que podamos convertirnos juntos. Acá o dónde sea.

Te amo no solo porque me río y me provocas calenturas curiosas.




15.5.12


Capítulo 1
Te amo porque supiste qué decirle al Hercólubus.

Habitualmente no escribo por la felicidad. Ni por lo tranquilo. Por lo general escribo parada desde la angustia existencial más emo posible, aquel estado mental en el que estás ovillado en la ventana viendo llover en una publicidad triste de algo más triste. Habitualmente escribo llorando. Esta vez, escribo desde la euforia que me provoca toda la energía transcendental que se aparece entre nosotros no como una imagen oscura, sino por el contrario, como un vértigo de insuflos iniciadores.

Algo me pasó cuando te vi aparecer por esa sala. No sé qué, ni cómo, ni por qué. Quizás había una Paz del futuro soplándome al oído que ibas a ser el último. O el primero. O ambos. Que eras las búsquedas a lo Indiana Jones, que eras el pedazo de tierra ambulante que necesitaba para arraigar lo errante. Te apareciste en precisamente lo que yo deseaba, la fractura. Negando todo lo previo, dejándolo todo en ridículo. Y, a la vez, validándolo. Te amo así, dicotómico y poderoso en mi historia.

Una vez escribí un buen texto con muchos ´me gustas´. Lo particular ahí, es que la pulsión no era del TeAmo rabioso que ahora suena tan completo, con tanto sentido y no se sale cuándo debe sino cuando quiere. Ese querer, el deseo, es una tangente de esto. Es transversal tanto al espacio convergente que creamos, como al intercambio de discursos Lacanianos y a la pérdida absoluta de estos. El Deseo es en nosotros, finalmente, un elaborador de absolutos.

Te amo porque es precioso tener la capacidad de levantar la voz y que tu empoderamiento nos acerque desde ahí. Te amo, porque eres capaz de agarrarme el pelo y hacerme temblar, también desde ahí. Te amo porque hay mucho entre nosotros prometedor, pero ello no deslumbra tanto como lo que Hay y Es. Hiciste que la teoría y la filosofía resultaran atractivas leídas con tu voz deliciosa, ambas cosas que rehuí en mi universo de rechazos canallas y racistas, así que esto podría convertirse en un intento.

Te amo no solo porque pasaste la prueba del Hercólobus. 

19.4.12

Cosas

¿No hay un título más emo-vacío-sinsentido que "cosas"? Es el estado latencial por estos días, eso o tendría que haber puesto "Implacable" de título. Qué cosas", primero que no me importa nada, que mis ganas ulteriores son de mandarlo todo a la punta del cerro y esconderme en mi cama o bajo un brazo, aunque hoy por hoy prefiero la cama porque así no hay daños colaterales ni explicaciones, ni brazos mojados. Esto se logra con la desorientación. La mía es laboral, por lo menos, la he tenido siempre y me exige una gran cantidad de tiempo y dinero para resolverse. Lo bueno, es que hay resolución. A propósito de desorientación, vi a mi ex hace poco y me dio vergüenza. Eso es parte de las "cosas". Qué vergüenza haber tocado a ese niñito perdido en la desorientación sexual y vital más descarnada. Sí, me chocó harto ver que un cuerpo que fue significativo en algún momento, hoy está convertido en un trozo perdido de sí mismo, común y poco masculino. Todo era así desde siempre parece, pero la envolvencia de lo negro no te permite observarlo desde dentro. Qué rudo eso, que al uno del presente le den vergüenza los tactos del pasado. Sí, si lo hubiera visto en la calle, me habría reído como me río por dentro en la comprensión psicológica de la gente perdida que veo, disfrazada, cubierta con trozos que no les corresponden. Y soy estéticamente abierta, pero hay cosas y "cosas".
Por mientras en Gotham City, bueno, la incertidumbre. Se soluciona en unas horas. Unas horas y saber y no querer saber y querer saber solucionando. Y caer en el mar de un líquido espeso y una sensación parecida a escucharme el disco entero de Arjona. Y en el cuestionamiento por la estupidez, en una gran cantidad de cuestionamientos. Solo me queda descartar. Descartar, descartar, descartar. Y el resto que venga con su olor a plátano podrido con naranja que se queda aunque te laves los recipientes simbólicos. Debería aprovechar mi estado para escribir y dejar de negar. En tanto, lo único que queda es masticar los pedacitos para que no quede ninguna cosa entre los dientes.

21.11.11

Plumas

No hay nada que me quite las ganas de sonreirte en la boca cuando estés perdido en un encuadre de hedonismo puro. O quizás no de tanto hedonismo si hasta el dolor puede ser divertido en esa cama. Aunque hayan dos cartas que escribir y yo siga procrastinando lo realmente importante con mi trabajo, aquí estás, aquí estoy, y disfruto las palabras procaces y las dulzonas. Hay harto de ambas. Eso es Romance- dijiste- escribirse con la lengua y dejando el lápiz de lado, permitiendo otras líneas, con otros miembros.
Úsame como lienzo y callémonos los labios inteligentes, para abrir los ojos y ponerlos en blanco.
Quiero negarteme solo para que puedas arrebatarme del mundo y soltarme al vacío. Y quedarme en ese espacio negativo absoluto, que incrementa mi pertenencia a tus manos. Quedarme ahí pegada a tus gemidos. Instalada como una performance en tus trazos.

[Inserte foto explícita aquí]

17.10.11

Labio mordido

Es poder ser esa que me encanta ser. Todas. Los nombres que nadie me dijo nunca por que nunca me di cuenta que la violencia es el camino y que Gandhi nunca supo lo que es bueno. Con todos los problemas absurdos de mi estrcutra loca y furiosa, mis vehemencias y mis perfidias, con todo lo que había delante y detrás. Con todas las dudas. Todo el verbo táctil intenso y ansiado. Con espacios reducidos a la nada y al todo al mismo tiempo. A lo terrible y lo brutal coexistiendo con canciones que hablan de lo hermosa que es la sangre de los otros corriendote por el cuerpo.
En esos segundo dónde me doy cuenta porqué hay cosas prohibidas. Por que el placer no puede sino estar prohibido por constituirse placer y negar todas las posibilidades que lo intervienen. Porque morderse los labios no es un gesto inocente y la inocencia desde su valoración absurdamente social y comparativa, tiene, debe, exige que considerarlo una falta. La gracia de la transgresión es que se traspasa y destroza, desde el destroce corporal y cárneo como la raíz de la palabra que desmiembra. Soy Plutón devorando. 
Nunca fui tan Paz. He hecho muchos juegos simpáticos lingüísticos con mi nombre en la vida. Y nunca fui tan Paz ahora que escribo tan poco, pero mis letras encuentran bocas en las que triturarse. Un Goya, dos viajes, tres records. 


17.9.11

Dos palabras de latencia.

Working Progress.

Las páginas.

Las hojas de los libros no se pasan en seco. Yo, me mojo los dedos desde la entropía y he aprendido a no dejar marcas. 
No hay nada nuevo, nunca, ni en la literatura, ni en el cine, ni en la vivencia. Por eso la vida es tan común y todos los que crean en la elaboración primigenia están quedándose en el imaginario. Los que comulguen con lo especial están precursorando por disney. De Penélope ni un pelo, lo dije siempre, por eso mi cuerpo me prohibió aprender a tejer y me instó a saber ocupar bien mis dedos en otras utilidades. Mis mástiles son aquellos a los que otros se aferran, yo no soy la que necesita taparse los oídos para resistir las inclemencias del tiempo y del mar.
No hay nada más que decir porque ocupar las palabras sería ensuciarlas. 



4.9.11

Buenas noches, Individuo.

Es raro, pero quiero que sea así. No pude decirte buenas noches porque no salieron las palabras ni de mi boca ni de mis dedos instantáneos. Así que las dirijo por este medio que sé... bueno, tu ya sabes. Nada tiene que ver el dolor con el dolor. Así me siento, inflando esas palabras hasta tu nariz, confiada en que no huelen a derrota. O no, o que desconozco las palabras correctas para pronunciar derrota porque las erradiqué de mi ser y ahora no sé como agarrar esto con mis manos masculinas pero blancas. O las escribo apelando a que eres un lector arrollador y podrías anotarlo en tus cuadernos dibujados para que algún dia las leas y recuerdes esta fracción y la expliques. (me la expliques?) Nada tiene que ver la Paz con la Paz. Y probablemente esa sea la mentira o la verdad, más oscura. Da lo mismo, las definiciones, los cisnes que caen (porque hoy vi entero "El lago de los cisnes") o las palabras. Las palabras que nos asesinan. Las palabras que nos embrutecen o que en su ausencia nos cortan en tiritas porque saben que tiritas suena bien cuando está acompañado mentalmente de la carne. Be my little human sacrifice, aparece altiro como un seco golpe en  mis omóplatos (tus omóplatos?) canonizados desde que los mataste en una sola pasada. Y me deja roja la piel, esa palmada que despierta mis muertos más perdidos. Solo sé que te extrañé en cuanto supe que te habías ido. Y no sé que diablos signifique eso, ni en qué pedazo de mundo perdido me deja parada, pero es no más, como lo que no logramos entender en algunas semanas. Antimateria encendida esperando ser tocada por un pedacito de realidad inamible. No sé que más decir. La violencia y la desorientación se nos metieron entre el pecado de romperse la empiria. Hay tantas palabras bonitas y arrolladoramente brutales para describir esto. Nos. Eso tiene que tener algún sentido. En alguna parte.

Póstumo.

Nada tiene que ver el dolor con el dolor...
Enrique Lihn
 
Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña
de sus ojos- un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto,
olvidado ojalá  previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera  del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
                                                                                                  en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
                                                                                escrito silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo Pasajero hundir el hocico

feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besan a sí mismos.

31.8.11

Del Eternoclestomastoideo.


Hoy estuve media hora con un sujeto desconocido manoseándome el cuello con una insistencia peligrosa. Me costó 27.000 pesos y concentrarme en un punto de las planchas esas que parecen plumavit pero con hoyos, para no ponerme a reir, convulsionar o gemir, en el peor de los casos. En el peor de los casos.

El supuesto desgarro de mi músculo esternoclestomastoideo, ese reducto, el más intimo de mi cuello y a la vez, la palabra más larga del español según algunos cerdos de yahoo, me llegó como la confirmación de un trozo de ausencia que retorna del delirio de los últimos tiempos, del peor de los exilios y con los mejores deseos de venganza.

Un pedazo de mi volvió para rotarme, brutalmente, en el más profundo de mis ejes y tener el descaro de dejarme viva. Frente a eso, el esternoclestomastoideo desgarrado es casi una broma.

Hoy, mientras el tecnólogo hurgábame impenitente en aquellos sectores con los que negocio mis placeres, yo agradecía que la ecotomografía no tuviera audio, porque probablemente el corazón quería latirme más fuerte en ciertos sectores y en otros continuaba desaparecido como es habitual, razón por la cual he tenido que comprarme accesorios que compensen su falta como los aros con dos corazones negros porque la filosofía más arcaica dice mejor que sobren.

Reconozco que hubo sectores que dolieron. Otros que picaron y otros que sencillamente incomodaron  como el tipo de episodios en los que me imagino en una reacción desbordante, catártica, como saltando en la camilla, rompiendo pantallas y tirando el gel tibio mientras grito quítate, quítate muérete mi cuello y luego esperar sentada, semidesnuda, la atención de un paramédico. Pero me concentré en el punto y de repente, cuando estaba yo perdida en mi propio éter, bastante espeso hay que decirlo, listo Paz, estamos listos y me entrega tres miserables hojas de la toalla nova más delgada del mundo para secarme el kilo y medio de gel azul del que ahora tengo consciencia en mi cuello.

Me pregunto si fue la combinación del gel con todo ese pseudo pecado y vulnerabilidad suprema lo que me hizo comprarme un almohadón compañero de color coral, que me absorba los pensamientos igual como el viejo que se deshizo en migajas líquidas por el peso de mi consciencia.
Sobre él es mi próxima entrada.

25.8.11

Defenderse

Es palabra ha salido harto en la semana. Desde la sensación nacional, contingente, súper triste, de tener que defenderse del gobierno democráticamente elegido, sensación de defensa terminal frente a una violencia arrolladora de patrón de fundo a lo Facundo Sarmiento.

Por otro lado, la defensa que me tiene absolutamente agotada de los propios empleadores, empleadores también "elegidos" por uno en el segundo impensado en que uno dice "acepto" y hace los votos de prosperidad, libertad y no se qué revolución interna a cambio de un cheque el día 30.

Por último, la defensa frente a lo que no ha elegido sentir, y frente a esa defensa no hay nada vivo que te cubra de las lluvias ácidas.

Finalmente, las defensas más costosas son todas aquellas que te cuestan brazos y ojos, porque elegiste estar ahí paradito en ese segundo, en ese reducto.

Porque defenderse de otros en una elección, no es solo defenderse de aquellos que han sido integrados voluntariamente a los espacios de seguridad más íntimos, sino también es defenderse de uno mismo, parado, mirándose a uno mismo, reprochando los sufragios. Es la defensa, energéticamente de dobles requerimientos, que lo deja a uno botado en el suelo, lamiéndose las heridas, esperanzado en que algo suceda y rompa, quiebre.

Yo siempre estoy esperando la fractura.

Como si quebrarse en otro, alguna vez, fuera un suceso extraordinario, un pedazo de universo tendido en mis muñecas vírgenes, envuelto en una tela vaporosa que muestre los espacios de piel en la medida en que sople el viento a favor.

Me dijeron que defenderse era naturalmente sobrevivencia. Si has estado rodeado de abismos, la sobrevivencia es la cotidianidad y con eso estás naturalmente cagado. Pero vivo. Luego no sabes cuando dejar de y cuando comenzar. Tiempos y silencios. Y simulaciones de muerte y más sufragios. Y quedá cagá y media otra vez. Y de nuevo no se sabe cómo comenzar.

21.7.11

Euclidiano.

Olympe le entrega su sangre a Max desde el minuto en que él le toma el cuello y ella se le derrite entre los dedos. Ella sucumbe ante su labio mordiendo y su voz tranquila. Ante todos los dias Todos. Ante el perdón, la respiración pausada y la fuerza de esos dedos delicados y artistas que la toman con la brutalidad y la belleza con que se atraviesan las líneas perpendiculares.

A veces, se tocan con la palma abierta. Luego de dar tantos palos de ciego, y de tantear entre la niebla, el reconocimiento es un poco romperse la piel por la fricción del tacto. Pero nada que no se cure lamiendo las heridas hasta que el sabor metálico de las sangres compartidas sea indistinguible y lo único que quede sea inventar mitologías para contener las explosiones por todas las aristas convergidas.


17.7.11

Te molesta mi amor. Silvio Rodriguez.




Te molesta mi amor
Mi amor de juventud
y mi amor es un arte de virtud
Te molesta mi amor
Mi amor sin antifaz
y mi amor es un arte de paz

Te molesta mi amor
Mi amor de humanidad
y mi amor es un arte en su edad
Te molesta mi amor
Mi amor de surtidor
y mi amor es un arte mayor

Mi amor es mi prenda encantada
es mi extensa morada
es mi espacio sin fin
mi amor, no precisa frontera
como la primavera
no prefiere jardin
Mi amor, no es amor de mercado
porque un amor sangrado
no es amor de lucrar
mi amor es todo cuanto tengo
si lo niego o lo vendo
para que respirar...

Te molesta mi amor...

Mi amor no es amor de uno solo
sino alma de todo
lo que urge sanar
mi amor es un amor de abajo
que el devenir me trajo
para hacerlo empinar

Mi amor, el mas enamorado
es el mas olvidado
en su antiguo dolor
mi amor abre pecho a la muerte
y despeña su suerte
por un tiempo mejor
mi amor, este amor aguerrido
es un sol encendido
por quien merece amor...

3.7.11

Elementos de Neurociencias.

Frente a la número 5, por "la determinación del tamaño celular" y la opción "dependiendo del tamaño del organismo será el tamaño de las células", yo me pregunto si los elefantes tienen las células más grandes, me acuerdo del poema de Gelmán, del elefante que decía bonyur, me acuerdo de que ya nadie dice bonyur. La profesora que nos vigila me hace acordar a Hogwarts o al Señor de la Querencia, si se quiere algo más folclórico. Veo la pregunta del calor que movió los caldos primitivos para formar la vida y miro por la ventana y hay un cerro, un sol y mis piernas se mueven con ganas de caminar tomada del brazo o de los pecados o de los verbos. Soy un caldo primitivo, como si la palabra caldo no fuera ya lo suficientemente decidora. Me acuerdo de un montón de cosas que nada tienen que ver con el tálamo, con el cerebro o con la fisura de Rolando. Me acuerdo que en un momento de mi vida, cuando tenía como 12 años ,me gustó un sujeto que se llamaba Rolando y que probablemente sea un buen hombre hoy porque una vez que me salió sangre de narices me preguntó qué me había pasado y yo le respondí que me habían pegado y él preguntó ¿quién? como para hacer algo. Ese gesto me hizo sonreir y, bueno, suerte Rolando. Me acordé de las mil veces que he sonreido estos días hasta que me duele la cara. Me acordé de "quiero agarrarte y huir del universo con vos" que me mata y me hace sonreir de nuevo. De las veces que me he muerto por estos días de las más diversas maneras y de cómo eros y tánatos se me juntan en un revoltijón que habría desafiado a Freud. Me acuerdo de que me encontraras desafiante y que me leas como libro y pasas tus dedos despacio por cada una de mis hojas. Y lo sexy que suena esa última línea me hace perder absolutamente la concentración en que tengo 7 hojas por contestar y nada me hace sentido, pero no importa, habrá tiempo para todo y para llamarte después de terminar esto y contarte que fue un desastre y reirnos juntos en alguna una canción kitsch que estoy buscándote. Me acordé de que el hemisferio derecho es el de la creatividad y que yo soy una palabra limpia y precisa al lado tuyo, como nunca. Me acordé de que sé tanto de posmodernismo pero no sé nada de neurociencias. Me pregunté si te gustaría tanto si fuera bióloga. Y creo que no.

No terminé este texto porque en ese preciso momento entregué el examen con la dignidad de Juana de Arco. Pero es una linda evidencia.




29.6.11

28Junio.

No me hubiera importado, en realidad, que no encontráramos la tumba. Habían muertos convirtiéndose en cosas desconocidas y perfectas. Hubo restauraciones invisibles.

Hay un miedo brutal ardiéndome en los brazos. Lo sabes, sospechas que a veces espero el abismo. Quiero que me vuelvas loca. Que nuestros recuerdos queden en placas agradeciendo los pecados. Quiero ir tan lento hasta que sea imposible aguantar las ganas de romperse las hojas en blanco.

Quiero que nos sigan penando entre maderas crujientes y una complicidad del verbo y el tiempoespacio trascendental. Búscame hasta que no queden dudas de que soy, escondida en tu pared.

24.6.11

Inés.

Inés,
te fuiste del mundo y ahí recién averigüé cuándo era tu cumpleaños. El 6 de marzo es un día de ciclos para mi y hoy lo consumas y te apoderas de él para siempre. Transitas por una carretera fría y amarilla en las manos de el loco de la funeraria que te lleva a una velocidad que expele el desprendimiento en la cotidianidad de la muerte. Te vestí y te maquillé a pesar de jamás haberte ido a ver enferma, porque intimamente nos odiamos toda la vida. Igual me reí de que al lado de tu auto pasaran un montón de camiones con esos gigantes aparatos para enrrollar cables que parecen carretes de hilo, un último homenaje a ti, hija de la máquina singer con aguja indestructible que sí te destruimos cuando niñas con mis primas.

Ahora lloro todo lo que no lloraré ni mañana ni pasado. Por que no lloro por ti, ni por mi abuelo, ni por mi padre, aunque eso me parta en trozos. Lloro por lo que no fuimos. Lloro por todo lo que implicaste y lo que implicas, por los pedazos repartidos de mi niñez que se quedaron en tu casa, debajo del costurero, en esa mesa, en las tijeras cuando las perdíamos, en las telas que me robé de tu casa para hacerles vestidos a mis barbies, en la cantidad de estuco que te ponías para salir de tu frustración de Limachina inocente a la que le robaron la vida y los sueños y te diste cuenta solo para agarrar el cuchillo por el filo y tirar fuerte en el sentido contrario.

Lloro porque me aplasta la inexorabilidad de la muerte. Me aplastó cuando vi morir a un ser ínfimo en mis manos y ahora más, cuando entiendo que ya no estarás nunca, cuando veo que abriste los ojos y te fuiste por siempre en un grito ahogado que te cerraron con miles de posibilidades de esas que se conversan con el morbo de la muerte en los pasillos ciriados de tu velorio.

Inés, nunca supe decirte abuela, aunque siempre lo hice, porque te tenía un respeto metido por las narices con filos de obsidiana. Inés la cruel, Inés la despiadada, Inés la sin culpas, Inés la rompe cuerpos, psiquis y gnosis, Inés, la madrastra de mi padre, Inés la mamá de mi padre.

No nos quisimos, Inés. Tú no me quisiste por mi cuerpo y yo porque soy inteligente y no quiero a los que no me quieren. Porque fuimos distintas en esencia y la sangre nunca nos tiró. Porque a pesar de lo mucho que me definió en una fracción de mi vida lo que los otros construyeron de mi, igual me logré arrastrar del barro, me lamí y seguí limpia. Las costras duraron lo que el sol tardó en secarlas y después me las saqué yo misma, aunque con ellas me fuera un poco, sin saber si volvería a crear corteza.
No sé si lograste salir de la tierra.

Estuve ahí para ti, hoy, en una especie de comunión extraña frente a la ausencia de daño intensivo. Me temblaron las manos pensando en si te hubiera gustado lo que te eligieron para vestir y que, probablemente, habrías pensado que las telas que cubrían el ataúd eran un insulto. No por tu cuerpo marchito. No por mi padre latiendome en un abrazo en el que por dios, cómo deseé transmitirle que podía con su peso, que podía ser mi hijo, que podía derramarse sin temer, que mis pies estaban enraizados en el suelo y que nada me movería. Estuve ahí para ti porque aún no se porqué, pero estuve. Creo que bajo la misma lógica arbitraria que te hizo ser mi abuela. La misma participación sombría en nuestras vidas. Postrímera, funcional.

No te busqué, en eso estamos claras, pero no caben más opciones que las del artefacto, hoy, que veo las cosas con la distancia de lo sano y con la disposición que te entrega la muerte. Con eso me quedo, Inés. Con eso y con los chocolates repartidos y las comidas increíbles. Con esos gustos vintage y tu necesidad de acaparamiento que me resuena en mi casa barroca. Con todo lo antiguo que hay en tu casa y que me despierta ganas de recuerdos creados, como tu ropero. Me quedo con todo lo que no hicimos, con lo que podría haber sido y con lo que no supe nunca. Con el instinto que nunca hubo entre nosotras y te guardo amortajada en esas historias inocentes, en algún cofre que te haga honor y que no te despierte las iras aglutinadas en tu piel de mujer atrapada. No nos despertemos más nada, Inés. Solo descansa. Ya no puede alcanzarte el miedo.


22.6.11

La palabra Deseo. (Juego con Bataille)

La palabra deseo pronunciada desde tu boca conexa es más perturbadora que cualquier otra palabra. Incluso, de las impronunciables, las que aprendí a hablar hace poco. Es como entrar en el ojal a la primera. Como estornudar. Como encontrar la comparación perfecta. Es no tiritar cuando hacen 3 grados menos cero y quedarse desnuda esperando que te seque el ambiente. La palabra deseo en tu boca es una mácula. Es una persistencia de la memoria sin piedad que se empieza a movilizar de a poco, desde mi sien hasta el cuello, y se empodera de mis dedos hasta que me dan calambres en las muñecas. Nunca existió seducción desde el verbo, y hoy, la diosa Parole se agarra el miembro y me baila el caño cada vez que negocias mis propias pronunciaciones. La palabra deseo en tu boca es una invitación. La cópula de los términos no es menos irritante que la de los cuerpos. Y no puedo negarteme. No hay nada que podría negarte desde la perversión dogmática que insinúas. No me gritas Soy el SOL, me escribes Soy el diablo, soy la incertidumbre, soy el movimiento perpetuo, soy la evidencia, soy la vida, soy la muerte, soy los besos hablando, y me sobreviene una erección completa, y me convierto en tu vehículo, en los pedazos de tus manos recorriendote, en la posesión, en la medium que te entra por los ojos y se convierte en palabra. Soy palabra limpia y bien escrita al lado tuyo. Quiero ser todas las palabras que no has pronunciado. Esa es la palabra deseo en mi boca.

19.6.11

Dichos de Juan Gelman

Esto compramos en una salida, de lo terreno y lo etéreo, el viernes pasado. Un sujeto que vive de sus cuadernos de gomaeva ilustrados y poéticos. Me encantó sin saber cómo.

Cuando te conocí
mi corazon
tenia más hambre
que piojo de peluca.

Los piojos de peluca son así
capaces de morirse
de hambre en la mitad de la
belleza que no les da
de comer.

Pero ellos
embellecidos por
tanta belleza
se empiezan a sentir
otro animal
un jilguerito tal vez...
que vuela y
canta alrededor del día
un canario más amarillo
que el sol
más ardiente
un ruiseñor más hondo
que la noche
en que te conocí
y conocí
los dos trabajos del
pajarito atrapado
que son desatarse y atarse
herir la vida con amor
y padecer la herida
estar purísimo de amor callado y hacer
que su silencio le
reviente los tímpanos al mundo.

Yerbas de amor cubren al jilguerito
pero eso no quiere decir nada
no quiere decir que el canario comerá
que el ruiseñor no va a morirse de hambre
estoy hablando de cuando vi tu alma.
Y la alegria entró en mi
como un desconocido
y mi alma agradecida tuvo extraños primos
y te amé duplicadamente.

Para este fin de amor fuimos nacidos para esta desnudez
nuestro amor es más raro que un elefante francés
una vez pasó un elefante francés por el barrio
le sonreía a todo el mundo y decía
"bonyur" "bonyur"
pero ninguno le creía.

Dónde se vió a un francés sonreír a todo el mundo.

Solamente los chicos se animaban a tocarlo
le tiraban la cola para volverlo azul.
A cada tirón al elefante le salía un pajarito
un canario o un ruiseñor
que se ponía a hablar de tu candor
un jilguerito muerto de hambre
con los ojos llenos de tinta y de papel

Este amor es más difícil que cagar en un frasquito.

Te amo con todas mis fuerzas
sin comprender la verdad
Voy de la furia a la dulzura
de la dulzura a la pena.
Con cataratas en el ojo del alma.

¿Qué es la ignorancia? Algo ansiado, definitivamente un surco, una salida, un regalo, un don, sí un don de las más altas esferas de la compasión. Un obsequio para evitar el sufrimiento y para negociar la salvación. Lamentablemente, la compasión no ha sido benévola conmigo ni con mi receptáculo de conocimiento, que se llena y se llena sin ninguna posibilidad de ser repletado.

Escribí esto como parte de un gran proyecto de publicación. Palabra que me ha salido incondicionalmente por estos días como una posibilidad real de la cual rehuyo a modo inconsciente. Mis capacidades me traicionan. Sé que puedo a niveles interestelares y eso me hace dueña del mundo en potencia.

Estoy contenta por las historias que se están escribiendo y que todavía no tienen final y no tienen porqué tenerlo. Por el interés insospechado que suscito, malévolo y bienhechor, y por que no me dan miedo las calles. Quiero muchas cosas en el día, algunas que no son plausibles (como un baño de tina) y otras que se convierten en proyectos interminables como cocinarte o compartir un libro eternamente.

Y eso que no creo en la eternidad, pero de repente igual mi tatuaje debería decir I want to believe.

A modo de post scrip. No hay cuestionamientos posibles después de tanto tiempo. Pero entiendo, el dolor de guata visceral que se produce cuando no tienes certeza de nada y quieres tenerlas de todo. Entiendo que una se tenga que agarrar de todas las herramientas posibles para hacerlo más suyo en la medida en que pueda, hacer verdades las verdades que nunca hará verdades. Lo triste que no hay una sola de ellas, son tan múltiples como las patas de pulpo que se le salen cuando menos lo esperas. Y te tocan sin renunciar nunca a nada, mientras tú renunciaste a todo. Es muy power estar ahí. Pero yo ya no estoy. Realmente, bajo ningún punto de vista, simbólico, alegórico o real, no estoy. Y quien sea que crea que debo permanecer ahí en algun modo, no es así, ya me fui, así que no hay nada que temer. Mis brazos son parte de otras organizaciones macropoderosas, más intensas y menos drenadoras. Inside. Y eso es. De lo que fue, debería o será, es un muerto del que no me hago cargo ni lo haré, porque por algo los muertos se entierran, se pudren y dejan de ser, como corresponde.